Las leyes

Las leyes no brotan de los cielos. Fueron redactadas por seres humanos, seres de barro, frágiles y cambiantes. Los códigos acogen en sus entrañas los valores dominantes, los prejuicios y los intereses de los que mandan. Los sistemas jurídicos no son entes abstractos, deductivos. No son estructuras descarnadas. Las leyes no brotan de los cielos porque siempre hay nubarrones grises que amenazan con anegarlo todo, hasta el intelecto. Tenemos que convivir con la hermenéutica jurídica, no con un algoritmo. En este mundo moderno ya nada procede de los dioses, claro que no, porque somos muy racionales. Nos han hecho creer que las leyes nacen de unos principios racionales, incuestionables, y que todos los códigos surgen tras dar cuatro pasos deductivos evidentes, incuestionables. Tipificar implica decidir qué es lo justo y lo injusto. Clasificar no es un acto de caza o recolección. Se parece más a una siembra selectiva o a una construcción. Se define el delito desde unos intereses, desde una forma de ver el mundo, patriarcal y capitalista. Y se interpreta la norma desde esa perspectiva. Te tratarán como un simple objeto, sin dignidad, como una mercancía. Serás un medio de producción o una máquina de consumir. Y tu cuerpo no valdrá nada. Tú no valdrás nada. Las leyes no brotan de los cielos, porque en los cielos no hay nada.

Tensión, de Amancio González Andrés.

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