La Cartuja de Sevilla y su transformación en fortaleza de campaña napoleónica. 1810-1812

El antiguo monasterio de Santa María de las Cuevas, situado en la margen derecha del Guadalquivir a su paso por la conocida isla de la Cartuja, es uno de los muchos complejos patrimoniales que, a lo largo de su existencia, han formado parte de los principales episodios históricos acontecidos en la ciudad. Se comenzó a edificar a finales del siglo XIV con el fin de albergar la sede de la Orden de los Cartujos. La construcción religiosa tuvo gran protagonismo durante los años del Descubrimiento, principalmente debido al fuerte lazo que unía al almirante Cristóbal Colón con esta orden eclesiástica.

Siglos después, coincidiendo con las guerras napoleónicas, el monasterio fue usado durante dos años como fortificación de campaña por las tropas francesas. Tras la desamortización llevada a cabo por el ministro Mendizábal en el año 1836, el empresario inglés Marqués de Pickman adquiría en propiedad el conjunto con el fin de transformarlo en una fábrica de cerámica con fama internacional, llegando a ser uno de los estandartes de una industria española que estaba comenzando a florecer.

Vista general del monasterio de la Cartuja en la actualidad.

El complejo fabril, que estuvo activo hasta más de la mitad del siglo XX, pasó a manos del Estado. Con motivo de la Exposición Universal de 1992, fue restaurado en su totalidad. Actualmente es sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y de la Universidad Internacional de Andalucía (UNIA).

Pocos años antes de la desamortización de 1836, que permitió que muchos bienes religiosos pasaran a manos privadas, la economía de nuestro país comenzaba a salir de los estragos causados por la interminable Guerra de la Independencia.

La laureada victoria de los españoles en Bailén, acontecida en los primeros meses de la ocupación napoleónica (julio de 1808), hizo que la toma de Andalucía por parte de los extranjeros se retrasase casi dos años. A principios del año 1810, tras la aplastante victoria de los franceses en Ocaña, toda Andalucía, menos la ciudad de Cádiz, caía definitivamente en manos de la Grande Armée.

En el mes de febrero, las tropas al mando del mariscal Soult entraban en Sevilla haciéndose rápidamente con el control gubernamental de una ciudad que apenas mostró resistencia. Durante los dos años siguientes, los franceses hicieron de la ciudad del Guadalquivir una base de operaciones para gestionar el infructuoso asedio a la cercana ciudad de Cádiz.

El monasterio cartujo, que había sido desalojado por los monjes tras las primeras noticias de la ocupación extranjera, fue el espacio elegido por los invasores para dar alojamiento al mayor número de sus tropas. La posición estratégica próxima al río y sus características para una posible fortificación fueron fundamentales en la elección del lugar para fines castrenses.

Plano de Rojas. Podemos apreciar la configuración defensiva. Fuente: Cartoteca del Ejército.

Todas las transformaciones realizadas durante la etapa de la ocupación francesa en el complejo monacal fueron estudiadas gracias al examen arqueológico realizado con motivo de la restauración del monumento a finales de los años ochenta.

Un documento fundamental, que nos ofrece una descripción pormenorizada de las transformaciones que sufrió el cenobio en época napoleónica, es el llamado Plano de Rojas. Este documento, que se encuentra en la Cartoteca histórica del Ejército, refleja a la perfección tanto el foso perimetral que se trazó en paralelo al muro del monasterio como los cinco bastiones abaluartados que se ubicaron en los flancos. También se observa la comunicación de la fortaleza con el barrio de Triana y con la zona de la Barqueta.

Otro de los vestigios correspondientes a la fortificación exterior fue la alineación de troneras para fusilería ubicada en el llamado mirador de los monjes. Hoy día éstas son visibles desde el Camino de los Descubrimientos, muy cerca del acceso a la pasarela de la Cartuja.

En cuanto a los jardines y huertas exteriores, tenemos constancia de las intervenciones de adaptación que se llevaron a cabo en la capilla exterior de las santas Justa y Rufina para ser convertida, con algunos retoques, en torre de vigilancia. Gracias a las crónicas, también sabemos que la vegetación arbórea existente fue talada casi en su totalidad para la obtención de leña.

Troneras para fusilería halladas tras la intervención arqueológica.

El interior del inmueble fue transformado con el fin de abastecer las necesidades del efímero cuartel. Las antiguas estancias monacales como el patio del Ave María, la iglesia principal y las capillas anexas fueron transformadas en patio de armas, almacén, bodega o carnicería. El Claustrón, edificio de mayores dimensiones donde habitaban los monjes, se convirtió en estancia para oficiales y soldados. De esta manera se relata en la extensa crónica de Cuartero y Huerta un día cualquiera de la tropa habitando este lugar:

«Allí gisaban los gabachos franceses y además hizieron una cozina a la francesa con su gran tinglado encima, que tenía 16 fogones, en medio del camposanto… el archivo como también la celda prioral fue la que encontramos entre todas las demás quasi lo mismo que la dejamos con el motivo de haber vivido aquí los xefes de la Plana mayor».

Gracias a los datos procedentes de la excavación arqueológica, tenemos constancia de que en la celda prioral se estableció la cárcel de la fortificación. Bajo el suelo aparecieron los restos de dos hombres y una mujer pertenecientes a esta etapa y que, con casi toda seguridad, fueron ajusticiados.

Abaluartamiento del muro sur realizado en 1992. Refleja el aspecto que pudo tener la fortificación original según el Plano de Rojas.

Sevilla fue liberada del yugo francés en el verano de 1812. La derrota de los imperiales en la Batalla de Arapiles (Salamanca) precipitó la huida de éstos hacia el norte. Tras dejar la ciudad, abandonaron el efímero cuartel, que poco tiempo después sería desmantelado en su totalidad por las autoridades locales con el fin de devolverle su función religiosa.

Actualmente uno de los escasos recuerdos existentes del pasado napoleónico del complejo es el abaluartamiento de uno de los flancos del muro perimetral. El arquitecto Francisco Torres quiso hacer un pequeño homenaje a las diferentes etapas históricas del lugar y en su intervención, con motivo de la Exposición Universal, reprodujo uno de los bastiones abaluartados en el tramo de muro más cercano al pabellón del siglo XV.

Fuentes y bibliografía

  • AMORES CARREDANO, F. CHISVERT JIMÉNEZ, N. y otros (1997). «Informe sobre las actuaciones arqueológicas de apoyo a la restauración en la Cartuja de Sevilla (1987-92)», Anuario Arqueológico de Andalucía 1993. Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Sevilla, pp. 594-608.
  • CUARTERO Y HUERTA, B. (1950-1954). Historia de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla y de su filial de Cazalla de la Sierra. 2 Vol. Madrid.
  • MARTÍNEZ MONTIEL, L. (1995). «De monasterio a cuartel: La fortificación de la Cartuja de Sevilla durante la Guerra de la Independencia». Revista Archivo Hispalense. Tomo LXXVIII, Núm. 238. Sevilla, pp. 137-148.
  • MORENO ALONSO, M. (2011). Sevilla napoleónica. Universidad de Sevilla, Sevilla.
  • AA. (1992). La Cartuja recuperada 1986-1992. (Exposición). Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, Sevilla.

 

Por Juan Carlos García

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