¿Engordan los higos y las brevas?

La expresión popular «de higos a brevas» guarda la historia de numerosas civilizaciones mediterráneas que durante siglos cultivaron el árbol de la higuera. Egipcios, griegos y fenicios apreciaron su fruto antes de que llegase a la península ibérica. A día de hoy, sus dos frutos nos deleitan en las tardes de verano e incluso en invierno cuando son desecados. Pero ¿es cierto que engordan o son beneficiosos para la salud?, ¿en qué se diferencian ambos frutos? Aclaremos estas cuestiones y disfrutémoslos con la conciencia tranquila.

Inicialmente la primera fruta que da la higuera es la breva y la segunda es el higo. El aumento de las temperaturas a finales de primavera permite que las brevas estén listas para junio y permanezcan hasta julio (dos meses). Justo el final de la breva (julio) es el inicio del higo, cuya producción es más larga, perdurando hasta octubre (4 meses). Este fenómeno tan especial tiene una explicación climática. Existen ejemplares de higueras que continúan produciendo higos hasta finales de octubre. El descenso de las temperaturas en otoño hace que algunos higos tardíos y sin formar queden encapsulados en las ramas en estado de latencia. Estos pasan desapercibidos al ojo humano durante todo el invierno como pequeños botoncitos, hasta que a finales de primavera el aumento de la temperatura reactiva y reanuda su desarrollo. Estos higos «invernantes» que resurgen en primavera son las brevas. Por lo tanto, el auténtico fruto de la higuera es el higo y la breva es una variable secundaria.

Respecto a su valor nutritivo, el higo y la breva son frutas muy beneficiosas y su ingesta no se relaciona con el sobrepeso. Ambas son una fuente importante de agua (80%). El siguiente nutriente mayoritario y que caracteriza su sabor son los azúcares. Una ración de dos o tres higos frescos aporta unos 30g de azúcares, que vienen a suponer tan sólo el 5% de la energía necesaria para un adulto. Siempre que se consuman en raciones de dos a tres higos frescos (150-200g), no son un riesgo para el mantenimiento del peso corporal. Tampoco deben evitarlos los diabéticos, puesto que su alta proporción de fructosa y de fibra retrasa el aumento del azúcar en sangre. El tercer componente mayoritario es la fibra. Una ración higos aporta hasta 5g de fibra, es decir, el 20% de la ingesta diaria recomendada.

De estas características nutritivas derivan sus beneficios para la salud. Por ser una de las frutas más energéticas junto al plátano y la uva, es ideal para la dieta del deportista, del niño, del adolescente y de la mujer embarazada. Su alto contenido en fibra provoca saciedad, mejora el tránsito intestinal, previene el estreñimiento, el cáncer de colon y la enfermedad cardiovascular. Sin embargo, los higos y las brevas no deben consumirse hasta haber alcanzado el estado óptimo de madurez. Estando inmaduros, segregan un líquido lechoso (savia o látex) que puede producir irritaciones o sarpullidos en la piel. Algo más a tener en cuenta es el aumento energético que se produce al desecarlos. La ración de higos desecados aporta hasta cuatro veces más energía por peso debido a la reducción del porcentaje de agua.

 

Para disfrutar al máximo de su sabor y su dulzor, es mejor tomarlos en fresco. En países como Italia o como Francia, se toman con jamón; en España, se suelen ofrecer como una guarnición para los platos de caza o de ave; en Andalucía, mezclamos los higos secos con almendras y nueces para obtener el popular «pan de higos»; mientras que en Castilla y León, introducen una nuez dentro de un higo seco y lo llaman «turrón de pobre».

Referente a su historia, la higuera es originaria de Oriente Próximo y probablemente comenzó a cultivarse en Arabia. Fue extendida por el mediterráneo gracias a los fenicios y griegos, para siglos más tarde, en el año 1520, ser llevada a América por los europeos. Por ello, los filósofos griegos Platón y Diógenes apreciaron su fruto mientras que el médico Galeno lo recomendaba para la dieta de los atletas. Incluso en Egipto, en la pirámide de Gizeh (4.000-5.000 a.C.) se han encontrado dibujos que representan su recolección. Fue en la Edad Media y en el Renacimiento cuando comenzaron a secarse al Sol y a tomarse como un dulce típico navideño. Actualmente forman parte de la dieta mediterránea y España es un importante productor a nivel europeo.

Conociendo todas estas características, podemos ver que el higo y la breva son el mismo fruto, que son una fuerte importante de fibra y de azúcares saludables y que tanto personas sanas como diabéticos pueden beneficiarse de ellos. Por lo tanto, debemos acabar con su mala fama y volver a incluirlas en nuestros desayunos, postres, guarniciones o tentempiés. No obstante, deben ser consumidos en raciones de dos o tres higos, preferiblemente frescos y alternarlos con otras frutas de temporada. En definitiva, la higuera ha sido cultivada en el mediterráneo desde los inicios de la agricultura y merece seguir siendo un alimento esencial de la dieta mediterránea.

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