Andalucismo 4.0

 

En los estertores de la dictadura franquista, un grupo de jóvenes universitarios andaluces llegó a la conclusión de que la clave para sacar a Andalucía del atraso económico en que se encontraba desde el último tercio del siglo XIX era la conjunción entre el socialismo autogestionario y el regionalismo o nacionalismo de liberación. En ese camino, se encontraron con el ideario de Blas Infante, con su andalucismo libertario de base agraria que realizaba un parecido diagnóstico y aplicaba parecida solución; el Ideal Andaluz infantiano y el Poder Andaluz del andalucismo de la transición requerían la toma de consciencia y el empoderamiento del pueblo para que rompiera las cadenas que desde un Estado centralista y unas clases privilegiadas rentistas cercenaban la prosperidad y el crecimiento económico de las gentes de Andalucía.

Mucho se ha hablado y se está hablando sobre el declive del andalucismo, pero ¿es esta percepción, claramente mayoritaria, cierta? Permitidme que lo ponga en duda, y más, teniendo en cuenta que este declive se relaciona, fundamentalmente, con el ocaso y finalmente desaparición de un partido político, el Partido Andalucista.

El andalucismo, al igual que el feminismo o el ecologismo, se ha convertido en un pensamiento transversal, tiñendo a todas las fuerzas políticas que tienen su campo de actuación en Andalucía, o por lo menos a las más representativas; sus programas, sus discursos, sus puestas en escena, están influenciados por la corriente de pensamiento andalucista. El andalucismo lo impregna todo de una manera indeleble y constante, es cierto que con mayor o menor, en la gran mayoría de los casos, profundidad. Pero, en todo caso, se ha convertido en una necesidad, en una obligación para la mayoría de las fuerzas políticas con radio de actuación andaluz el recubrirse de la bandera verde y blanca.

Ya no es propiedad de nadie, de una sola opción partidista, ha madurado, a base de palos y fracasos, y ya no existe un único andalucismo, sino andalucismos, desde el más independentista hasta el más regionalista de derechas, con su relatividad de fuerzas, pero en todo caso presentes. Sé que está apreciación parecerá una herejía para los guardianes de las esencias, y me congratulo de ello, también es buen síntoma que haya defensores de la pureza ideológica del nacionalismo andaluz, pero sólo eso no es suficiente.

Parece bastante evidente que el pujante andalucismo de la transición representado por el PSA, antecedente del extinto PA, dotó de un corpus doctrinal e ideológico a un pueblo andaluz con señas de identidad y fuerza cultural potentísimas e incuestionables, que con la llegada de la democracia dijo basta ante la marginación y la discriminación sistemática a que era sometido dentro del Estado español. Y no solo esto, dotó de vigor, de discurso, de historia, de símbolos a la lucha de un pueblo que se expresó con una contundencia extraordinaria en las míticas fechas del 4D y del 28F.

Este fue y es, hasta ahora, el gran triunfo del andalucismo en la historia contemporánea de nuestro país.

Los años de la transición fueron tiempos enmarcados por una doble situación de crisis, la política, con el cambio de régimen de la dictadura a una monarquía parlamentaria y la económica, con la enésima crisis del capitalismo potenciada con el estructural desarrollo desequilibrado de nuestra tierra. En ese caldo de cultivo surgió ese andalucismo transformador que cambió la historia de nuestro país e incluso del Estado.

Ahora, cuarenta años después, las andaluzas y los andaluces vivimos también una doble situación de crisis, la progresiva desintegración del régimen bipartidista hegemónico en el Estado, y su derivada en nuestro país, y las consecuencias de la Gran Recesión que ha ahondado más en la brecha que sigue distanciando a Andalucía de los parámetros económicos medios del resto de España y de la Unión Europea. Y hoy, una vez más, surge el andalucismo como base de análisis y herramienta de cambio. La izquierda alternativa andaluza, por fin, se decide a hacer suyos los conceptos del andalucismo desarrollados durante décadas, no sólo por la omnipresente figura de Blas Infante sino por muchos andalucistas de pensamiento y obra como, entre otros, José Luís Ortiz de Lanzagorta, José María de los Santos, José Aumente, Manuel Ruiz Lagos o el mismo José Luís Serrano; alumbrando un nuevo renacimiento de un andalucismo 4.0 adaptado a las circunstancias del siglo XXI, y lo hace en confluencia con los andalucistas de izquierdas, con los herederos del aquel PSA de la transición, que seguimos apostando por buscar una solución para nuestra gente, solución que sólo puede venir de nosotros mismos, que sólo puede ser endógena, y que pasa por conseguir mayor poder político y económico para nuestra tierra, por conseguir un grado de soberanía lo suficientemente amplio para decidir sobre nuestro futuro e incardinar de una manera justa e igualitaria a Andalucía en España y Europa. Para ello, necesitamos la participación de todos, por supuesto, la de aquellos que vivieron el 4D y el 28F pero, sobre todo, la de los miles de jóvenes que quieren una oportunidad de vida sin necesidad de verse obligados a dejar sus ciudades y sus pueblos, que quieren mirar al futuro con esperanza y vivir su presente con dignidad.

Llegan nuevos tiempos, con nuevos caminos, y con el andalucismo más vivo que nunca. #AdelanteAndalucía

 

 

Por Héctor J. Lagier

Andalucista militante

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