¿Por qué se tapa el 28F con el 4 de diciembre?

Dr. Manuel Ruiz Romero

Centro de Estudios Históricos de Andalucía

 

Siempre las efemérides dan abolengo a los pueblos. Al igual que a las personas a la que marcan su sabiduría y madurez. Quizás por ello, la historia reciente de Andalucía como pueblo está repleta de hitos que intencionadamente se pretenden moldear y reinterpretar, cuando no se ocultan con descaro. Nada es casual. Todo tiene su sentido y en socio-política todavía más. El hecho de que hayan transcurrido 40 años de aquellos hechos hace que el sector juvenil, el más sensible a los cambios sociales, ni conozca ni se identifique con aquellos hechos que tanto justifican ese presente histórico en términos políticos. Es más, sistemáticamente, se le ha ido despojando a esta fracción poblacional de las claves necesarias para conocerlo, respetarlo, amarlo y defenderlo. Y lo que es peor: ha crecido envuelto en cánticos mediáticos oficiales que ni son verdad, ni propician las intenciones con las que se justifican los autogobiernos en este Estado de las Autonomías ni, por otra parte, estoy convencido de que sea lo más apropiado para el fomento de un espíritu cívico.

Desde que el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía presidido por Rafael Escuredo acordase el 15 de diciembre de 1982 considerar al 28F como Día de Andalucía, no hizo falta más que una norma legal que lo reconociera (Decreto 149/82, de 15 de diciembre, BOJA 36). Fue posible en el escenario de los cambios simbólicos que la Transición procuraba: trasladar la festividad laboral del lunes de Pascua a la fecha de la consulta del procedimiento autonómico de 1980 con «carácter permanente». El travestismo de un símbolo político se disfrazaba así de progresismo oportunista. Pero aquello escondía mucho más.

Desde ese momento, el empeño de los discursos oficiales de la Junta de Andalucía y del partido que más la ha gobernado ha sido ocultar las movilizaciones populares que hicieron posible el 28F y el posterior consenso y acuerdo para el desbloqueo político en una mera consulta en las urnas. Nuestro particular proceso al autogobierno se ha convertido desde los despachos oficiales en una votación convencional más de las que abundan periódicamente en una democracia orgánica, de forma que, sobre todo, las jóvenes generaciones crecen ajenas al significado, ímpetu y a las movilizaciones que existieron y que en muchos casos fueron muy por delante de la voluntad descentralizadora y del reconocimiento que hacia Andalucía tenían los dos partidos que representaban el bipartidismo de la restauración borbónica: UCD y PSOE. Valga un ejemplo; fueron ellos los que pactaron sin matices las extremas condiciones impuestas en la consulta para la ratificación popular de la vía a la autonomía por el artículo 151 de la Constitución. Aquello fue el primer acuerdo autonómico racionalizador entre el bipartidismo de 1978: entre UCD y PSOE.

Primero, por la introducción de dicho artículo (151.2) en el pleno del Congreso donde se aprueba el anteproyecto de Carta Magna (julio de 1978). Aquella Carta Magna de la que cabe recordar que su borrador registrado en Cortes (diciembre de 1977) sólo reconocía régimen autonómico para Euskadi y Cataluña. Y más tarde, en una Ley de Referéndums (diciembre de 1979) que no flexibilizó por acuerdo UCD y PSOE la exigencia sobre la mayoría del censo electoral en cada una de las provincias que exigía una Constitución. Y eso que el matiz fue hecho en enmienda tanto por el Grupo Parlamentario Comunista como por el Andalucista, organizaciones estas que no apoyaron finalmente dicha norma en la medida que Andalucía, eran conscientes ellos, iba a ser la primera víctima de esa trampa en su atrevimiento por romper el modelo de la Carta Magna en su opción por un procedimiento del artículo 151 que la igualase a otras nacionalidades históricas. Precisamente, el golpe militar y fascista del 18 de julio de 1936 cercenó la vida de muchos demócratas, entre ellas la de Blas Infante, pero a los andaluces también nos arrebató la posibilidad de autogobierno en un marco de legalidad republicana que lo permitía constitucionalmente por vez primera en la historia de esta piel de toro en exceso centralista, monárquica, aristocrática y nacional católica.

Desde entonces, los fastos institucionales y las falanges de palmeros del poder han querido interpretar los hechos a su manera, tal y como ahora intentan también hacer con el Andalucismo Histórico. Historiadores y periodistas de cámara se prestan a ello imaginamos que con escasa gratuidad. Unos y otros han trasladado a un segundo plano lo que entiendo son las dos ideas fundamentales de aquel aprendizaje que nos regaló la vida de Manuel José García Caparrós: la unidad de todos los andaluces y andaluzas ante su futuro, así como un protagonismo, movilizador y ciudadano, capaz y necesario para vislumbrar un Poder Andaluz tan posible como necesario.

No se trataría aquí de enfrentar fechas ni celebraciones, pero más temprano que tarde, el pueblo andaluz descubre año tras año que los ritos existentes en el que dicen es su día no significan más que un conjunto de discursos institucionales y medallas que, en muchos casos, responden más a intereses publicitarios del poder o coyunturales brindis al famoseo que a verdaderos merecimientos. Cada vez más, los ayuntamientos evitan cualquier gesto en su celebración, quizás para ofrecer un exclusivo foco mediático a la presidencia de la Junta, quizás por la nueva campaña de recentralización que padecemos de manos del liberalismo del Partido Popular.

Hoy por hoy, este 28F no simboliza a los andaluces y a ese sujeto ciudadano, político e histórico que fue protagonista y que lo representó durante su proceso estatuyente. Precisamente, la Junta de Andalucía de Susana Díaz y su PSOE andaluz, el más conservador y centralista del Estado, quieren hacer de la intensa movilización del 28F de 1980, resultado a su vez del 4 D de 1977, un mero ejercicio de voto por el que se obtiene automáticamente una autonomía hoy devaluada como un mero régimen administrativo más. Omitiéndose intencionadamente y perversamente todo un empuje popular que obliga a las fuerzas parlamentarias andaluzas a consensuar y formar un desbloqueo a una consulta (octubre de 1980) que, con la Ley de Referéndum en la mano, se pierde legalmente. Ocultando, de forma maliciosa, que ya tenía editados y preparados carteles —como el que mostramos— para reconducir la vía por el 143 como inevitable, en tanto optaba por repetir de nuevo la consulta en Almería. Algo que, probablemente, hubiese enrocado más el bloqueo a nuestra autonomía a costa del gobierno de UCD, lo cual era, en realidad, lo que más le importaba deteriorar al PSOE. Mucho antes que alcanzar un estatuto pleno como nacionalidad para Andalucía.

En definitiva, la decadencia de este particular entusiasmo —siempre por invitación— del 28F como Día de Andalucía discurre paralela a la soledad otorgada al 4D, como singularidad que algunos desean más cerca de la leyenda que de las posibilidades presentes. Las mentiras del 28F en el discurso del socialismo andaluz salen a la luz año tras año y se enrocan en la unanimidad del 4D. En la memoria de un asesinato. No en vano, la familia de García Caparrós reclama cuarenta años después atención para un caso en el que nunca hubo investigación o sanción alguna. Es más, las actas de la Comisión de Investigación abierto en el Congreso se ocultan a los propios parlamentarios. Todo un ejemplo de transparencia democrática.

Ante un escenario pre constituyente como el que nos ocupa por la vía de los hechos, ante los intentos de centralización del Estado, ante la pérdida de derechos sociales, laborales y civiles, ante el progresivo avance del totalitarismo disfrazado de liberalismo, frente a un supuesto clima de bienestar social en nuestra tierra puesto en solfa por coloridas y populosas mareas… conviene recordar y aprender lo que somos capaces de los andaluces y andaluces. La memoria es historia y futuro. Andalucía es una nación con déficit de pueblo donde todos los días se tiene que superar un referéndum. Que no le falte a este 28F tu bandera y tu grito. Y nunca tu condición y empuje de andaluz todos los días del año.

Redacción de la Revista La Andalucía

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